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La Universidad de Huelva publica un artículo sobre Blockchain aplicado a la Trazabilidad de productos hortofrutícolas

Fruto de las investigaciones de la Universidad de Huelva realizadas por el responsable del Grupo de Investigación Economía Agraria (SEJ 110), Juan Diego Borrero Sánchez, se ha desarrollado una metodología y una Prueba de Concepto (PoC) Blockchain para el sistema de trazabilidad de la cadena de suministro agroalimentario de cooperativas de frutas y hortalizas.

Esta investigación pretende resolver la crisis de confianza en la cadena de suministro de los productos agroalimentarios apoyando la generación de confianza entre los diferentes agentes de la cadena mediante la incorporación de Smart contracts o contratos inteligentes

Los resultados de esta investigación han sido publicados en la prestigiosa revista Ciriec, referencia en el ámbito de la economía social y cooperativismo agrario.

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Predicciones sí, predicciones no

En entornos complejos e inciertos no podemos predecir. Nuestros predictores pueden valer para predecir lo habitual (o variables en que exista una razón verosímil para que la observación mayor no esté demasiado alejada de la media, pero no lo irregular. En estos entornos complejos, los métodos estadísticamente sofisticados no proporcionan necesariamente previsiones más precisas que las de los métodos más sencillos. Si predecimos, que no se nos olvide adjuntar a nuestros escenarios un índice de error posible.

Por otro lado, la predicción estrecha de miras produce un efecto analgésico o terapéutico. Recomiendo usarla, pero estando preparado para todas las eventualidades.

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¿Por qué la diferenciación no es suficiente para las empresas hortofrutícolas?

Ofrecer un producto de alta calidad con unas prestaciones o servicios o con un precio mejor no marca la diferencia. La diferencia se hace en EL PORQUÉ.

Mi amigo David del Pino en su matriz EPH define a las empresas hortofrutícolas con alto potencial de diferenciación como “ganadoras” si pueden ofertar grandes volúmenes, o como “especialistas” si no tienen la dimensión suficiente. A pesar de ser importante ser percibida como “diferente”, la sustituibilidad en este mercado de productos de gran consumo sigue siendo muy grande y las empresas hortofrutícolas también encuentran múltiples formas de diferenciarse (ya sea por calidad, por pertenecer a un club de productores, por certificaciones…); con lo que, por un lado, el consumidor no percibe que sea suficiente para mantenerse fiel a una marca y, por el otro, a la empresa sí le ocasiona grandes costes. Así que saber EL PORQUÉ es esencial para tener un éxito duradero y la capacidad de evitar que te pongan en el mismo saco que los demás.

Podremos manipular (bajar precios o hacer promociones), pero todo ello nos lleva solo a hacer más transacciones en el corto plazo o a reducir la rentabilidad en el largo. La diferenciación (buenas cualidades y características) es importante, pero no es suficiente para producir la fidelidad. Lo que inspira la fidelidad es la causa que esté representada por la empresa, la marca o el producto.

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¿Por qué elegimos LoRa?

El Internet de las Cosas (IoT) generará un gran cambio en el mundo rural y facilitará la transición de la agricultura basada en la explotación de recursos a una basada en la sostenibilidad y racionalidad.

Con un bajo consumo y largo alcance, las tecnologías Low-Power, Wide-Area (LPWA) complementan las redes de telefonía móvil existentes y las tecnologías de corto alcance como Bluetooth, ZigBee, NFC, RFID o WIFI, lo que permite reducir los costos y mejorar las características de consumo de energía, así como la conectividad. En el ámbito rural el impacto puede ser significativo.

Puesto que LPWA puede ser un elemento competitivo diferenciador en cualquier mercado del Internet of Things (IoT), una amplia gama de agentes y tecnologías alternativas ya están comprometidos en el espacio LPWA y en el de la banda estrecha NB-IoT. Las diferencias más fundamentales entre estos tipos de tecnología incluyen el espectro de radio que utilizan las tecnologías (frecuencia con licencia vs sin licencia) y las estrategias comerciales y modelos de negocio de las empresas que las implementan.

Son, por lo tanto, tecnologías indicadas para abordar grandes despliegues de objetos conectados, como sensores, que no necesiten una conexión de alimentación externa y con un largo alcance, especialmente con un procesamiento “fog” para una actuación local y una conexión con cloud para el acceso de dispositivos móviles. Y, por lo tanto, muy útiles para, por ejemplo, conectar sensores que requieren transmitir pocos datos a intervalos regulares durante una vida útil muy larga.

La misión de la organización sin ánimo de lucro LoRa Alliance es definir un estándar global para las redes LPWA que se están desplegando en todo el mundo para permitir aplicaciones IoT, máquina a máquina (M2M) e industriales o de consumo. Los miembros de la Alianza colaboran para impulsar el éxito global del protocolo LoRaWAN, que utiliza el espectro de frecuencia sin licencia, compartiendo conocimientos y experiencia para garantizar la interoperabilidad entre operadores en un estándar global abierto.

La respuesta de Bo True viene de los nuevos modelos de negocio que se construyen por encima de la conectividad con la recolección a un coste muy reducido de una gran cantidad de datos como el Big Data y que se ponen en valor con su procesamiento cognitivo. Este proyecto se llama BoLoRa.

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¿Es la agricultura vertical una alternativa de futuro para la producción urbana de alimentos?

En el año 2050, casi el 80% de la población mundial vivirá en centros urbanos. Aunque la población sigue aumentando, es posible que podamos alimentarla; pero debemos buscar nuevas vías.

Y ya no se trata solo de un problema de abastecimiento (las asimetrías de nuestro sistema económico producen deficiencias) sino de sostenibilidad.

La agricultura vertical, es decir cultivar plantas dentro de edificios de varios pisos o rascacielos con tecnología hidropónica, permitirá producir alimentos en las ciudades y, además, nos ofrecerá los beneficios añadidos de reducción de la huella de carbono (agricultura de proximidad) y fijación de CO2. Desde Manhattan a Singapur, podemos ver ya ejemplos.

Por otro lado, en aplicación de la directiva europea 2010/31 relativa a la eficiencia energética de los edificios, en el año 2020 todos los edificios deben ser auto suficientes energéticamente. Así, las cubiertas vegetales y agricultura vertical ayudarán a regular la temperatura en el interior de edificio, lo cual reduce el consumo de electricidad.

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¿Cuándo va a venir el agua?

Hace ya unos veinte años escuchaba esta voz del agricultor en las Jornadas Técnicas Agrícolas de algún que otro pueblo de nuestra comarca. La pregunta se ha ido repitiendo a lo largo de los años hasta parecer una súplica.

Porque nuestra agricultura necesita el agua para subsistir. De todos es sabido que el agua es un recurso escaso que debemos gestionar adecuadamente: ¿Acaso nuestra agricultura no lo hace? Podemos (y debemos) mejorar, pero pocos sistemas agrícolas son tan eficientes en el uso del agua como los regadíos onubenses.

Desde una agricultura de secano, hemos ido virando hacia una agricultura intensiva y de regadío que ha dado, y sigue dando, muchas alegrías a la economía onubense. Con una planificación adecuada (entiendo que impulsada por administraciones y políticos; también por universidad y empresas), se puede desarrollar un sistema agroalimentario sostenible y con un enorme potencial de crecimiento. Pero necesitamos el agua.

Ser agricultor es un modo digno de ganarse la vida. Como lo es también para miles de personas, que limitadas en capacidades y oportunidades, trabajan en el campo. Pero necesitamos el agua.

También somos conscientes que la demanda de agua continuará aumentando como consecuencia de la urbanización, los estilos de vida y las infraestructuras turísticas. Esto provocará competencia entre los distintos tipos de usuarios. Si el recurso es escaso y la demanda alta, el agua debe tener un precio. Un precio adecuado y justo, sin que este deba ser, forzosamente, un precio de mercado; aunque tampoco sirva para remunerar una gestión deficiente. Pero “ese es otro tema”. El que ahora nos ocupa es que necesitamos agua para nuestra agricultura. Sería un gran problema si no hubiera, pero no es nuestro caso. En Huelva tenemos agua suficiente para todos. Solo tenemos que trasvasarla desde donde es excedentaria hacia donde es deficitaria.

No cabe duda de que el agua es un bien natural. Bien, en cuanto satisface necesidades (bien de consumo, bien de producción, o bien ligado a la calidad de vida); natural en cuanto existe en la naturaleza y es esta la que lo proporciona a través del conocido ciclo del agua, que es un ciclo cerrado, en el que su masa permanece constante. El agua pasa de ser un bien natural a ser un bien económico cuando ofrece suficiente grado de regulación, de acuerdo con el correspondiente tipo de aprovechamiento. ¿Por qué no trasvasamos este bien, hacia donde se necesita? Tan simple como eso. O tan difícil como nos lo quieren hacer ver otros. Solo es cuestión de planificar con cierto sentido. Y tener de nuestro lado a unos políticos con sentido común. Y que de verdad quieran ayudar.

El problema de las concesiones y trasvases tiene su peculiaridad administrativa, técnica, económica, geoestratégica y política. ¿Cuál de ellas es la que sigue bloqueando la disponibilidad de este preciado recurso para la agricultura de regadío del Condado?

¡Agricultores, alzad vuestra voz! Que la súplica de ayer se convierta en una orden hoy. ¡¡Agua Ya!!

(Post publicado en la revista Regadíos en su edición de agosto de 2015: http://plataformaregadioscondado.com/wp-content/uploads/2015/03/03-Regadios.pdf)

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Soluciones para un mundo mejor

El pasado martes 16 de diciembre, el conocido escritor Alberto Vázquez-Figueroa en un interesante artículo cuestionaba la efectividad del tipo de ayuda que se envía al tercer mundo y propone una solución para paliar la falta de agua y alimento en las zonas más deprimidas de África.

Su tesis es que la mayoría de los alimentos que se envían (básicamente cereales y leche en polvo) necesitan agua para poder ser efectivos. En el caso de los cereales hay que hervirlos para que se ablanden, un agua tan necesaria para sus vidas que cuesta mucha energía obtener y que también se va perdiendo, como a ellos la vida, en forma de vapor. Y en el de la leche en polvo que necesita ser mezclada con agua – la mayoría de las veces contaminada-, provocando muertes por disentería.

En este sentido, Alberto Vázquez-Figueroa propone crear alimentos previamente mezclados con agua, vitaminas u otros alimentos, de tal forma que se conviertan en una pasta comestible por sí misma y que se puedan enviar envasados al vacío.

Por otro lado, planchas metálicas de color negro podrían servir, de día, para calentar comida en las zonas del desierto del Sahel y a su vez, debido al contraste tan grande en las temperaturas entre el día y la noche, para recoger el agua de rocío, que se almacenaría en las mismas. Son principios básicos que han sido utilizados por otros pueblos antiguos y cuyo saber no debemos olvidar.

¿Quién se anima a desarrollar estos productos?

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