¿Cuándo va a venir el agua?

Hace ya unos veinte años escuchaba esta voz del agricultor en las Jornadas Técnicas Agrícolas de algún que otro pueblo de nuestra comarca. La pregunta se ha ido repitiendo a lo largo de los años hasta parecer una súplica.

Porque nuestra agricultura necesita el agua para subsistir. De todos es sabido que el agua es un recurso escaso que debemos gestionar adecuadamente: ¿Acaso nuestra agricultura no lo hace? Podemos (y debemos) mejorar, pero pocos sistemas agrícolas son tan eficientes en el uso del agua como los regadíos onubenses.

Desde una agricultura de secano, hemos ido virando hacia una agricultura intensiva y de regadío que ha dado, y sigue dando, muchas alegrías a la economía onubense. Con una planificación adecuada (entiendo que impulsada por administraciones y políticos; también por universidad y empresas), se puede desarrollar un sistema agroalimentario sostenible y con un enorme potencial de crecimiento. Pero necesitamos el agua.

Ser agricultor es un modo digno de ganarse la vida. Como lo es también para miles de personas, que limitadas en capacidades y oportunidades, trabajan en el campo. Pero necesitamos el agua.

También somos conscientes que la demanda de agua continuará aumentando como consecuencia de la urbanización, los estilos de vida y las infraestructuras turísticas. Esto provocará competencia entre los distintos tipos de usuarios. Si el recurso es escaso y la demanda alta, el agua debe tener un precio. Un precio adecuado y justo, sin que este deba ser, forzosamente, un precio de mercado; aunque tampoco sirva para remunerar una gestión deficiente. Pero “ese es otro tema”. El que ahora nos ocupa es que necesitamos agua para nuestra agricultura. Sería un gran problema si no hubiera, pero no es nuestro caso. En Huelva tenemos agua suficiente para todos. Solo tenemos que trasvasarla desde donde es excedentaria hacia donde es deficitaria.

No cabe duda de que el agua es un bien natural. Bien, en cuanto satisface necesidades (bien de consumo, bien de producción, o bien ligado a la calidad de vida); natural en cuanto existe en la naturaleza y es esta la que lo proporciona a través del conocido ciclo del agua, que es un ciclo cerrado, en el que su masa permanece constante. El agua pasa de ser un bien natural a ser un bien económico cuando ofrece suficiente grado de regulación, de acuerdo con el correspondiente tipo de aprovechamiento. ¿Por qué no trasvasamos este bien, hacia donde se necesita? Tan simple como eso. O tan difícil como nos lo quieren hacer ver otros. Solo es cuestión de planificar con cierto sentido. Y tener de nuestro lado a unos políticos con sentido común. Y que de verdad quieran ayudar.

El problema de las concesiones y trasvases tiene su peculiaridad administrativa, técnica, económica, geoestratégica y política. ¿Cuál de ellas es la que sigue bloqueando la disponibilidad de este preciado recurso para la agricultura de regadío del Condado?

¡Agricultores, alzad vuestra voz! Que la súplica de ayer se convierta en una orden hoy. ¡¡Agua Ya!!

(Post publicado en la revista Regadíos en su edición de agosto de 2015: http://plataformaregadioscondado.com/wp-content/uploads/2015/03/03-Regadios.pdf)

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Soluciones para un mundo mejor

El pasado martes 16 de diciembre, el conocido escritor Alberto Vázquez-Figueroa en un interesante artículo cuestionaba la efectividad del tipo de ayuda que se envía al tercer mundo y propone una solución para paliar la falta de agua y alimento en las zonas más deprimidas de África.

Su tesis es que la mayoría de los alimentos que se envían (básicamente cereales y leche en polvo) necesitan agua para poder ser efectivos. En el caso de los cereales hay que hervirlos para que se ablanden, un agua tan necesaria para sus vidas que cuesta mucha energía obtener y que también se va perdiendo, como a ellos la vida, en forma de vapor. Y en el de la leche en polvo que necesita ser mezclada con agua – la mayoría de las veces contaminada-, provocando muertes por disentería.

En este sentido, Alberto Vázquez-Figueroa propone crear alimentos previamente mezclados con agua, vitaminas u otros alimentos, de tal forma que se conviertan en una pasta comestible por sí misma y que se puedan enviar envasados al vacío.

Por otro lado, planchas metálicas de color negro podrían servir, de día, para calentar comida en las zonas del desierto del Sahel y a su vez, debido al contraste tan grande en las temperaturas entre el día y la noche, para recoger el agua de rocío, que se almacenaría en las mismas. Son principios básicos que han sido utilizados por otros pueblos antiguos y cuyo saber no debemos olvidar.

¿Quién se anima a desarrollar estos productos?

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Drones para la agricultura

Si usted piensa que los drones de hoy son interesantes, no ha visto nada todavía. El informe de 2013 de la Association for Unmanned Vehicle Systems International  (el grupo que representa a los fabricantes de drones), estima que la precisión en la agricultura y la seguridad pública (como las operaciones de búsqueda y rescate) cubrirán el 90% del mercado potencial de drones en Estados Unidos para el año 2020.

Quizás la agricultura sea el espacio natural para los drones. Por ejemplo, desde hacer mediciones de explotaciones, diagnósticos de enfermedades o aforos de cosecha, estos robots con chips baratos y cámaras de visión artificial podrán plantar, cosechar y monitorizar parámetros de evolución del cultivo y del suelo.

Pero podemos ir todavía más allá: reduciendo su tamaño, drones-abejas podrían algún día polinizar los cultivos. El gobierno americano no está de broma.

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¿Qué futuro queremos para nuestro sector fresero onubense?

Mientras que hace tres años tuvimos la mejor campaña de la historia, las dos últimas campañas de la fresa han arrojado resultados negativos para los agricultores onubenses (www.freshuelva.es, 20-6-2014)

¿Qué ha pasado? ¿Qué está pasando?

¿Qué nos ha pasado? ¿Qué nos está pasando?

¿Qué ha cambiado? ¿Qué está cambiando?

Los productores y sus representantes señalan (1) los bajos precios del fruto, así como también (2) los factores climáticos y (3) la competencia surgida dentro de la Unión Europea como las causas que están dando al traste con un sector fundamental para la economía provincial, tanto es así, que el sector ha solicitado la colaboración de la administración pública para encontrar salidas “coordinadas” a los problemas del “cultivo” (http://economia.elpais.com/economia/2014/05/18/actualidad/1400432338_150097.html, 18-5-2014)

Entre las soluciones que se plantea la Mesa de la Fresa -integrada por productores, la Junta de Andalucía y la Diputación de Huelva-, y que en palabras del secretario general de Agricultura y Alimentación, nace con el cometido de “solventar entre todos los problemas que afectan al sector para mantener viable este cultivo en situación de competitividad”, figuran (A) la planificación de la campaña desde la plantación, (B) potenciar la Interprofesional de la Fresa Andaluza (Interfresa) que solo reúne al 75% de los productores de este fruto, (C) la diversificación de los frutos rojos, (D) la apuesta por la calidad y (E) más concienciación del consumidor.

Estas causas, así como las soluciones recién señaladas han estado siempre presentes en todos los foros y conversaciones entre agentes directos e indirectos del sector. Muchos logros se han ido consiguiendo, pero en mi humilde opinión, no se ha querido ver la verdadera realidad de nuestro sector. Veamos:

En primer lugar, el precio es una variable clave para la rentabilidad del cultivo, que viene dada por la vía de los ingresos. A igualdad cantidad vendida, una bajada en el precio unitario, tendrá como resultado unos menores ingresos. ¿Ha afectado por igual a todas las empresas productoras onubenses? ¿Se han identificado concienzuda y correctamente las causas de la bajada de los precios medios? Mala calidad del producto, excesiva oferta en determinados momentos sin una demanda que la absorba, maduración rápida de nuestras producciones, heterogeneidad de la calidad del producto debida a múltiples variedades presentes en el mercado, solapamiento de nuestras producciones con la de otros países, ora de África, ora de Europa, competencia interior, presión de las grandes cadenas de distribución…

¿Cómo influyen los factores climáticos en la rentabilidad del cultivo? Si la climatología favorece el adelanto de las producciones europeas, eso repercute directamente en una menor demanda de nuestros productos en favor de la europea, teniendo que bajar nuestro precio para colocarlo en el mercado. ¿Acaso el consumidor europeo prefiere su propia fruta? ¿Aún a costa de un precio superior? ¿Es ciertamente así, o es que sus producciones son de mayor calidad? ¿Existen precios diferentes? ¿Y por qué los españoles no preferimos nuestra fruta? ¿O es que la calidad-precio ofertada no es atractiva? ¿Deberíamos concienciar al consumidor europeo o al español? Pero, por otro lado, si asumimos que el aumento de la oferta de los países europeos como Alemania, Polonia, Francia, Holanda… es directamente proporcional al descenso en los precios en nuestros productos, también podríamos inferir que el aumento de la oferta de berries de otros países no europeos como Turquía, Marruecos o Túnez, también afecta a nuestra rentabilidad. O sea, que la rentabilidad de la fresa onubense se puede ver afectada tanto al principio de nuestra campaña, como también al final. ¿Si esto es así? ¿Están dando resultado nuestra estrategia de producciones tempranas? Me pregunto hasta qué punto este argumento es cierto. Además, y quizás más importante, pienso que más que los factores climáticos favorables como causa de una mayor producción, es más bien una tendencia en el modelo productivo de estos países apostando por estos productos.

En tercer lugar, ¿qué entendemos por competencia dentro de la unión europea? ¿Estamos hablando de competencia entre nosotros, o entre las empresas onubenses y las de África, o con los países productores de Europa? Estos últimos, hasta ahora netamente importadores, están potenciando las producciones propias con grandes y modernas estructuras o cultivos hidropónicos, lo que les sitúa en una buena posición de competitividad frente al exterior. Aquéllos cuentan con las bondades del clima y los menores costes salariales e imitan nuestras estrategias pasadas. Además, los factores de competitividad de estas dos zonas productoras son diferentes. Por el lado europeo, tenemos la producción local y la calidad; por el lado no europeo, la precocidad y los bajos costes.

Un nueve por ciento de la producción de fresa mundial se cultiva en la provincia de Huelva. Y aunque el cultivo de la fresa viene experimentando un retroceso de la superficie cultivada en los últimos años, estabilizándose en torno a las 7.000 has., es cierto que con la consolidación de la frambuesa y el crecimiento de las producciones de moras y sobre todo de arándanos, la diversificación de los frutos rojos en el sector onubense es ya una realidad. Este es un trabajo bien hecho por el que hay que seguir apostando y consolidando. ¿Y la cuarta gama como medida de diversificación? ¿Se ha contemplado? Smoothies, geles de fruta… tienen un mercado y una creciente demanda.

La apuesta por la calidad y la seguridad alimentaria también ha sido acogida favorable y adecuadamente por todas las empresas del sector en los últimos años. El número de hectáreas certificadas bajo los protocolos de producción integrada y otras certificaciones como GlobalGap, así lo demuestra. No obstante, el esfuerzo por encontrar nuevas variedades, más precoces, que potencien el sabor y que sean resistentes a enfermedades, nos ha llevado, en el caso de la fresa, desde un cultivo monovarietal (recuerden Douglas, Chandler, Tudla, Oso Grande, Camarosa…) a campañas, como las más recientes, con un espectro varietal amplio que, si bien, amplía la campaña de comercialización (mayores producciones tempranas con Sabrina, Fortuna y Splendor), también genera heterogeniedad en las características de calidad del producto que podrían “desorientar” al consumidor y desincentivar la compra de nuestro producto en favor de otros sustitutivos.

La necesidad de que el sector apueste “de manera decidida” por la cooperación e integración es otra de las soluciones planteadas por los agentes principales de nuestro sector. Integración para planificar las campañas, para poder tener más poder de negociación y poder plantar cara a las grandes superficies, para realizar campañas globales de marketing, para crear la Indicación Geográfica Protegida de la fresa y para la defensa de los intereses comunes de las partes representadas.

A pesar de ser esta una llamada reiterada, la realidad es que no se ha conseguido una integración plena del sector. Y es que, a mi juicio, tiene su sentido si somos conscientes de la doble realidad social en el cultivo de la fresa en Huelva.

Por un lado existen empresas privadas, en su mayoría familiares, con explotaciones de gran tamaño, y con una estrategia de calidad superior y de integración con grandes superficies. Hay que entender la singularidad e individualidad de estas empresas, respetando sus estrategias “separadas” del conjunto del sector, empresas que se intentan adaptar a las necesidades del cliente y producir con calidad.

Por otro lado, pequeños productores que se integran en cooperativas de primer grado para aumentar la escala empresarial que les permita ser más competitivos. La estructura cooperativa permite compartir costes fijos. Además, muchas de ellas son socias de la cooperativa de segundo grado Suca, dedicada a la venta de complementos auxiliares para la agricultura. Esta concentración de las compras redunda en unos menores costes de adquisición. Pero por el otro extremo de la filière, la comercialización, todavía falta esa unión, sorprendente puesto que el sector considera la bajada de precios como la causa principal de la menor rentabilidad del cultivo.

Sinceramente pienso que la sensibilidad social que ha caracterizado desde siempre al modelo cooperativo se ha perdido en los últimos tiempos, y eso es lo que hace difícil la integración en el “core” de la actividad empresarial. Las cooperativas freseras de hoy tienen una visión más mercantilista. Y, por el contrario, muchas de las empresas las empresas mercantiles sí están desarrollando estrategias de responsabilidad social que podrían ser más propias de las cooperativas. Por lo que a mi juicio, las cooperativas deben recuperar los valores sociales y pensar en el colectivo y no en la individualidad. Y así se verá más clara la necesidad de cooperar fusionando cooperativas de primer grado de un mismo municipio y creando estructuras de segundo grado tanto para las compras como para la comercialización y la innovación.

Por último, es importante señalar que las tendencias productivas tanto de los países del norte de África como la de los países europeos, nos deben hacer reflexionar hacia la necesidad mayor de la innovación y tecnificación el sector para producir con calidad y con menores costes e alejar el discurso de la economía social basada en los jornales que genera. Entiendo por social una actividad que da trabajo sostenido y que progresa. Por eso que debemos ir sustituyendo la mano de obra no cualificada por otra más cualificada que cree empresas, que innove en productos, en procesos y en tecnología, y que, en definitiva, haga del sector agrario un verdadero motor de la economía onubense.

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